Friday, May 19, 2006

Poesía del año 90

Insomnio I

La noche pasa impunemente sosegada,
solo pienso en el amanecer
o en volverme tinieblas
y disiparme en su negritud.

Relatos hiperbreves


BC/05

Al caminar todos esos días al sol, me olvidaba por completo de mi misma, renacía. Elegía siempre la misma hora para errar por ahí; la hora en que el mar es dorado y la felicidad posible; respirar no dolía, el mundo era de una belleza inspiradora, la idiotez humana no se percibía, y la vida dejaba de ser esa instantánea que un día perdí.


Hechos contingentes


Hechos contingentes, perdurables o no, realidad extrema de éste mi mundo de hoy. Volé a tiempo de tu cavidad eterna. Me moví aplacada, cada día que me abandonó tu mirada. Resumo en un minuto de felicidad, el recuerdo pequeñito de tenerte cerca. Voluble y desconcertada, querría poder decir, que solo me dejaste marcas banales.
S/T
¿Qué pasaría, si definitivamente decidiera acabar con todo? ¿Cuál es el objeto de cargar este peso muerto y permanente en el pecho? Me hago la misma pregunta día y noche, día tras día; sin poder nunca, llegar a una certeza, un compromiso, una afirmación que me quite la locura; la depresión que llevo como harapos al cuerpo; por más que me despoje de uno, indefectiblemente quedan otros. Trascender estos momentos es mi deseo, mi obsesión, pero no, continúo inmolándome con recuerdos, retratos mentales caprichosos que destrozan mis sueños; y el tiempo suspendido en sí mismo. Le pedí a Dios (aunque en él no creo), que me lleve, o a mis fantasmas.

-Te entregaría mis buenos recuerdos a cambio de que me abandonen los malos.

Paola

Thursday, May 18, 2006

Olor a rutina

Olor a rutina

Parecía que todos los olores nauseabundos del mundo, hubieran amanecido esa mañana junto a él; no era cierto, lo sabía, pero no le importaba, nunca, había olido tan mal ésa cama. A cada paso lo acompañó esa emanación, desde su lecho a la cocina, de la cocina al baño, poco después al placard húmedo de donde podría haber salido cualquier deformidad; decepción, nunca sucedía, el monstruo, nunca lo devoraba, tendría que enfrentar nuevamente su olor y la rutina. No había enemigos en ése placard, el enemigo anidaba atrincherado en él; no se sabía bien dónde, si en su corazón, si fluctuaba en su cerebro, si lo había tomado por completo, si indiscreto anidaba en su inconsciente; o si era el mismísimo niño rubio, de corazón negro, que un día fue.

Poesía

Ausente, el corazón.

Aún, no puedo diseñar
como querría,
pero puedo escribir
apuñalarte con mi lápiz
recorrer con él tus venas
a mayor profundidad
tus arterias,
desangrarlas una a una
no dejar coagular tu sangre
y trazar rojo y húmedo
un corazón,
donde ya debiste tener uno.


Paola